Un entorno “Healty Office” (oficina saludable) es aquel espacio de trabajo que, consciente de los beneficios en la producción que supone tener unos empleados sanos y felices en el trabajo, actúa conforme a ello y diseña un espacio y unas metodologías de trabajo que favorecen al bienestar de sus empleados. La universidad de Twente en Holanda, en colaboración con la empresa CBRE, llevó a cabo un estudio multidisciplinar a lo largo de 7 meses en el que 124 participantes se sometieron a cambios en su puesto de trabajo con el objetivo de transformarlo en una “Healthy Office”.

Está demostrado que el entorno en el que nos encontramos afecta de una u otra manera a nuestro bienestar. En los espacios de trabajo cerrados, por lo general, no se tiene en cuenta la repercusión del entorno sobre el empleado a la hora de diseñar el interior de la oficina (colores de las paredes, iluminación, disposición del mobiliario, olores, control del ruido…); teniendo en cuenta que los trabajadores pasan un tercio del día en su lugar de trabajo, si durante ese tiempo no se encuentran a gusto su rendimiento se verá afectado enormemente. El consumo excesivo de café y azúcar, los descansos para fumar, una iluminación estática y uniforme, la presencia de ruido, la ausencia de vegetación o ventanas con vistas al exterior… son prácticas que no favorecen a la creación de un entorno saludable. Además de una recaída en el rendimiento, un entorno de trabajo hostil puede generar en los empleados enfermedades como estrés o depresión, incapacitándoles totalmente durante largos periodos de tiempo.

Un entorno saludable incluye cinco aspectos a tratar, tanto en el diseño del propio espacio como en los hábitos de comportamiento de los presentes, a saber: espacios naturales, una correcta iluminación, nutrición saludable, equilibrio mental y ejercicio físico.

Los beneficios de las plantas en la salud mental y física de las personas es un hecho indiscutible. Se ha probado que el contacto con las plantas puede prevenir trastornos y dolencias como depresión, ansiedad, estrés, dolor de cabeza, falta de concentración… Para beneficiarse de las cualidades de un entorno natural, no hace falta rodearse de plantas reales, bastaría con plantas de plástico o incluso con murales o imágenes de plantas. La implantación de un espacio natural en la oficina mejora el estado de ánimo, la energía y la salud de los empleados.

Si hablamos de la iluminación, de la misma manera que ocurre con las plantas, evocar el mundo natural resulta ser lo más beneficioso para aumentar el confort y la productividad: el ciclo circadiano, es decir, el dinamismo de la luz natural en cuanto a intensidad y temperatura de color que tiene lugar a lo largo del día, nos permite mantenernos concentrados y alerta durante las horas de mayor actividad y descansar durante la noche. Si tenemos en cuenta que pasamos cerca de ocho horas en espacios cerrados, sin contacto con luz natural, es posible que nuestro ritmo circadiano se vea afectado. Por ello, una iluminación saludable será aquella que se ajuste en intensidad y temperatura de color en sincronía con el ciclo circadiano natural.

El consumo excesivo de cafeína promueve el aumento acelerado de cortisol en nuestro organismo, hormona que en elevadas cantidades puede producirnos estrés. El azúcar por su parte, genera altos picos de serotonina en nuestro cuerpo que nos hace querer consumir más y más de esta sustancia, como si de un adicto se tratase, produciendo cambios de humor en el sujeto consumidor; además, el azúcar entorpece la comunicación intercelular comprometiendo nuestra memoria, el control de las emociones o la capacidad de procesar ideas e instrucciones. Tanto el café como el azúcar son sustancias presentes en las oficinas, y ambas dificultan las habilidades de los empleados. Si estos comestibles se sustituyen por otros hechos a base de frutos secos o pastas de arroz, frutas y te, el rendimiento del empleado se verá mejorado.

Durante nuestra vida laboral nos sometemos a situaciones de mucho estrés, producto de una alta carga laboral, fin de plazos, largas jornadas laborales… para evitar vernos abrumados y evitar episodios de estrés, ansiedad o bloqueo mental, es importante llevar a cabo ejercicios y hábitos de relajación de manera continuada, como pueda ser la práctica de yoga o meditación, sesiones de masajes o incluso una siesta que nos permita descansar nuestros sentidos.

Y por último pero de igual importancia, fomentar la actividad física entre los empleados mejorará su circulación sanguínea y salud mental. Esto puede conseguirse implantando mesas de pie en las salas de reuniones, para que los empleados paseen por la sala mientras intercambian los diferentes puntos a tratar; instalando sillas con pedales para ejercitar las piernas mientras se disfruta del descanso; y en definitiva, promover la movilidad dentro de la oficina.

El estudio realizado por la universidad de Twente determina que, en un entorno saludable, el rendimiento del trabajador mejora significativamente y además le incita a vivir una vida más sana también fuera del trabajo. Este estudio, como adelantábamos previamente, define cinco aspectos propios de una oficina saludable que influyen en el rendimiento del trabajador positivamente: la existencia de un entorno natural, como puede ser la implantación de plantas en el espacio, puede llegar a suponer un 10% en el aumento del rendimiento del trabajador; una iluminación adecuada, que respete el ciclo circadiano natural, propicia un aumento del 12% en el rendimiento; con una oferta nutricional saludable, que suprima la cafeína y los azúcares, podemos hablar de un aumento del 45%; realizar sesiones de meditación, yoga, masajes o siestas en el trabajo, que favorezcan el equilibrio mental del trabajador, pueden aumentar su rendimiento en un 30%; y por último, el ejercicio físico supone un 12% de aumento. Esta mejora en el rendimiento está directamente relacionado con el estado mental y físico del empleado, quién se siente más energético, más feliz y más sano.

Las oficinas son ecosistemas que engloban numerosos componentes que deben coexistir en armonía. La elección de estos elementos que integran el espacio de trabajo son determinantes para la salud del mismo y de sus integrantes, y garantizar así el buen funcionamiento y rendimiento de sus actividades, reduciendo además los tiempos de producción y los costes relacionados con las bajas médicas. Por otra parte, unos hábitos saludable en la oficina, empujan al empleado a modificar su mala praxis también fuera del lugar de trabajo, de manera que, después del fin de semana, al volver al trabajo, estas personas se encuentran descansadas física y mentalmente, bien alimentadas y en general, preparadas para enfrentarse con energía y optimismo a la semana laboral.

 

 

BIBLIOGRAFÍA