espacios expositivos

Si bien es cierto que existen unas normas que rigen el protocolo de iluminación en los museos, como el Código Técnico de Edificación, el Reglamento Electrónico de Baja Tensión o la normativa de la UNE entre otras, estos reglamentos hacen referencia a procedimientos de iluminación que garantizan la seguridad del público que lo visita y apelan a la ordenanza de eficiencia energética, considerando al museo como un lugar público; pero en ningún caso estas ordenanzas se interesan por la correcta iluminación de las obras exhibidas, en cuanto a la percepción de estas y su mantenimiento, siendo estas cuestiones totalmente fundamentales para garantizar la experiencia museística.

El interés en la iluminación de obras de artes es relativamente reciente. La primera investigación significativa sobre el deterioro causado por la luz sobre las obras de arte se llevó a cabo en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en 1953, mientras que en España, esta preocupación se retrasó a 1976, con la convocatoria del concurso internacional para la climatización y la iluminación del Prado. El deterioro causado por la incidencia de las radiaciones lumínicas sobre las obras está reflejado en la publicación 157 de la CIE (Comisión Internacional de Iluminación), dónde se reúnen unas recomendaciones de intensidad y temperatura de color de la luz empleada para iluminar las obras expuestas, clasificadas en 3 categorías dependiendo del material que las componga, así sean: exposición de objetos no sensibles a la luz (sin limitaciones respecto a la intensidad, luz artificial o natural, 4000-6500 K); exposición de objetos sensibles a la luz (150 lux, luz artificial o natural bien filtrada, 4000 K); exposición de objetos muy sensibles a la luz (50 lux, luz artificial con tiempo reducido de exposición, 2500 K). Cuando se trata de una exposición de productos con alto riesgo de daño por la luz, y los niveles de esta deben ser extremadamente bajos, debería informarse al público de esta decisión, y hacerle saber que ha sido una medida obligada y no una decisión de diseño. Estas consideraciones, aun así, no hacen referencia a la percepción de la obra, es decir, a cómo debemos iluminar una exposición para garantizar la correcta reproducción de los colores de los objetos expuestos, evitar deslumbramientos… en definitiva, la CIE propone unas recomendaciones para preservar la obra, pero no se ocupan de la correcta apreciación visual de esta.

Como comentábamos, uno de los problemas a evitar cuando iluminamos una sala de exposiciones es el deslumbramiento, este surge especialmente cuando el objeto expuesto se encuentra en el interior de una vitrina. Las características reflexivas del vidrio hacen muy difícil evitar el deslumbramiento; lo aconsejable en estos casos es instalar las luminarias en el interior de la vitrina, evitando así que el haz de luz experimente un cambio de medio y su consecuente reflexión. En el caso de exposiciones en galerías, sin un cristal que se interponga entre las obras y el observador, el deslumbramiento es sencillamente evitable siguiendo los procedimientos habituales de distribución de la luz, esto es, manteniendo un ángulo de 30° entre la normal del plano vertical del objeto a iluminar (una pintura colgada en la pared, por ejemplo) y la luminaria instalada en el techo; teniendo en cuenta la frecuente inclinación de entre 5 y 7º de los cuadros que nos obligará a realizar la correspondiente rectificación sobre nuestro cálculo de los 30º.

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Por otra parte, de la misma manera que el tamaño de las obras expuestas en una galería varía, el haz de luz de las luminarias deberá adaptarse individualmente a cada situación. Si las luminarias son visibles en el techo, no podemos permitirnos situarlas a diferentes distancias respecto al plano vertical sobre el que inciden, pues se creará un mapa caótico de luminarias en el techo que pueden interrumpir la estética del museo y llamar la atención en exceso, de manera que debemos elegir una apertura del haz diferente para cada obra dependiendo de su tamaño, con el objetivo de que la luz no manche más pared de la deseada o por el contrario, no ilumine la totalidad de la obra.

La iluminación de una galería expositiva puede ser difusa y uniforme, cuando obra y espacio ocupan el mismo plano en cuanto a la jerarquía de percepción; o focalizada en las obras expuestas, resaltando estas sobre el espacio que las contiene, y adquiriendo así todo el protagonismo. En cualquier caso, la iluminación general de la sala debe evitar la aparición de sombras indeseadas o rincones oscuros, siendo la uniformidad en la iluminación general una decisión acertada. Aun así, las tendencias actuales permiten mayor libertad de actuación en cuanto al diseño de iluminación museográfica se refiere; la persona que visita un museo quiere disfrutar de una experiencia artística que se le puede presentar en forma de obras o como un conjunto de contenido y continente artístico, en el cual obra expuesta y espacio de exposición son partes indispensables del concepto de discurso museográfico propuesto. La relación entre espacio y obra expuesta está determinada por el diseño de iluminación escogido.

En exposiciones que no son permanentes, sino que las obras se renuevan, cambian o se modifica algún aspecto, la flexibilidad de la instalación es un requisito indispensable a tener en cuanto a la hora de diseñar la iluminación de la sala; al menos de las luminarias focalizadas. Apertura del haz, dirección e intensidad deben ser fácilmente modificables para estos casos.

En cuanto a fuentes de luz recomendadas para la iluminación museográfica, es importante que tengan una excelente reproducción cromática por razones obvias. Las lámparas halógenas de baja tensión y alto rendimiento (revestimiento IRC) con filtrado de UV, lámparas fluorescentes y fluorescentes compactas son las más recomendables para la iluminación de museos, o mejor dicho, lo eran; la evolución del LED en cuanto a color y reproducción cromática, junto con su nula emisión de luz ultravioleta e infrarrojos, reduciendo el deterioro de la obra, supone la mejor decisión para la iluminación en museos.

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Otra cuestión fundamental a tener en cuenta en el diseño de iluminación de un museo o sala de exposición, son los sistemas de control y gestión de la luz, pues al tratarse de lugares, generalmente grande, cuyo flujo de visitas no es constante, es importante gestionar la luz de la manera más eficiente posible. Sensores de detección de movimiento o de luz solar, que regulen la intensidad de la luminaria; mantener el nivel de iluminancia de una sala constante, evitando el exceso de flujo luminoso de lámparas nuevas, el cual disminuye conforme alcanzan el final de su vida útil; o la planificación del alumbrado según la hora y fecha, fijando los días de más visitas, son medidas que suponen un ahorro energético considerable.

La distribución de las luminarias no puede ser una distracción para la apreciación de la exposición, tampoco podemos permitir que la iluminación del museo sea protagonista en sí misma. Un museo de ciertas dimensiones, suele contar con varias zonas totalmente diferenciadas: además de la sala de exposición de las obras, contamos con áreas de paso, cafetería, hall, tienda… hay que adaptar la iluminación de forma coherente a cada situación, asegurando la tarea visual en cada momento. Si bien en la sala de exposición, la iluminación debe ser estrictamente funcional y permitir la perfecta percepción de las obras así como su mantenimiento, la entrada al museo puede permitir una iluminación más conceptual u ornamental, que llame la atención del público y le invite a entrar. Por su parte, en la tienda tendremos que seguir un diseño de iluminación que resalte los productos e invite a su compra; asegurar una buena visibilidad en las zonas de circulación, una iluminación agradable en la cafetería… A pesar de esto, el concepto de experiencia artística que se ofrece en cada museo da cabida a adoptar decisiones de iluminación más o menos arriesgadas, siempre y cuando el confort y la tarea visual estén garantizados.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • El Libro Blanco de la Iluminación”, Fernando Vila Arroyo. Madrid: Comité Español de Iluminación, 2013. “Libro 4: Aplicaciones de Alumbrado Interior. 4.9. Alumbrado de Espacio Expositivos y Museos”.