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La proliferación de espacios abiertos de trabajo, u oficinas abiertas, es cada vez más habitual. En espacios únicos en los cuales los empleados comparten las características del entorno (temperatura, iluminación, ruido…), a veces no es fácil satisfacer las preferencias y gustos de todos los presentes.

En muchas oficinas abiertas, donde los trabajadores se encuentran conviviendo en un mismo espacio, sin presencia de despachos o paredes limitadoras del espacio, la iluminación de la oficina se encuentra centralizada y generalizada a todo el lugar, de manera que no importa que haya un empleado o diez, la distribución e intensidad lumínica será igual en todo el espacio, incluso en aquellas zonas en las cuales no se encuentre nadie; es decir, en cuanto un empleado se presente en la oficina, la iluminación del espacio en su totalidad se encenderá, y hasta que el último trabajador no abandone su puesto de trabajo, la luz de toda la oficina permanecerá encendida. Esto supone un gasto energético innecesario y de fácil solución mediante una iluminación localizada e independiente.

La iluminación localizada, sin embargo, puede suponer un problema de confort visual o de distracción en espacios donde no hay ningún tipo de separación entre los puestos de trabajo y el empleado tiene visual de todo el espacio. En estos casos, el constante cambio entre apagado y encendido de las diferentes áreas del entorno, puede distraer al ojo, perjudicando la concentración del empleado. De igual manera, un elevado ratio entre un fondo excesivamente oscuro y un puesto de trabajo altamente iluminado puede generar fatiga visual.

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Si bien la iluminación localizada puede suponer un ahorro energético, hay que tener en cuenta cómo afecta en el comportamiento de los empleados los posibles problemas antes nombrados, y determinar una solución que suponga una reducción en la factura energética y agrade al empleado al mismo tiempo, de manera que no se puede delegar el control del apagado y encendido de cada puesto de trabajo a la presencia o no del trabajador en cuestión. Un supuesto que podría solucionar este problema y conseguir cierta armonía sería definir algunas luminarias constantemente encendidas situadas en lugares de paso o entre medias de cada puesto de trabajo, reduciendo la abrumadora diferencia lumínica entre un área apagada y otra encendida.

Conjugando una iluminación centralizada general que permanezca constantemente encendida, sin necesidad de llegar a los 500 lux, y una iluminación localizada controlada independientemente en cada puesto de trabajo, que proporcione una iluminación suficiente para la tarea visual únicamente cuando el empleado está presente, podría conseguirse una situación estable y armoniosa entre ahorro y confort.

Por otra parte, si en lugar de apagar por completo las zonas de la oficina que no estén siendo usadas en un momento puntual, reducimos su intensidad, podemos conseguir reducir el gasto energético y mantener el confort de los presentes. Si mantenemos una iluminancia de 100 lux en el entorno visual menos cercano del empleado y de 300 lux en aquellas zonas más inmediatas a este, aseguraremos los mínimos recomendados para satisfacer la comodidad del empleado y garantizar su rendimiento.

Además, si evitamos saltos en los cambios de intensidades, las distracciones visuales serán menores; es decir, si una luminarias o grupo de estas, que se encuentran al 100%, en lugar de pasar directamente al 20% o apagado, escalamos esta reducción de la intensidad en varios pasos intermedios (del 100% al 70%, después al 40% y finalmente al 20%), la variación gradual en la luminancia permitirá que el ojo humano no se distraiga con tales cambios y en consecuencia, el trabajador seguirá concentrado en su labor.

En definitiva, el camino a seguir se orienta a evitar cambios bruscos en las intensidades de áreas colindantes o visualmente cercanas unas de otras, pues a menos que esto ocurra, las diferencias en el confort de la persona entre una iluminación centralizada o localizada son apenas imperceptibles, siendo el ahorro energético un motivo igualmente importante a pesar de que no se alcance una reducción tan significativa como la deseada.

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