obras de arte

Las obras de arte están expuestas a cambios físicos y químicos por la acción de diferentes factores ambientales de su entorno; la luz, es uno de esos agentes perniciosos para la buena conservación de la obra. Uno de los principales rasgos que más rápida y claramente se ve deteriorado es el color de la obra; la exposición continuada a radiación infrarroja y ultravioleta favorece el envejecimiento de los colores originales de la obra, es por ello que las fuentes de luz no emisoras de UV e infrarrojos, como los LED, son las más aconsejables para la iluminación de obras de arte sensibles a la luz.

Dependiendo del material, este puede ser más o menos sensible a la acción de la luz. Podemos clasificar el riesgo de daño por la incidencia de la luz sobre el objeto en 3 clases: una primera que incluye aquellos materiales y objetos extremadamente sensibles a la luz, como telas, trajes, acuarelas, tapices, grabados, sellos, manuscritos, papel pintado, cuero teñido y piezas de historia natural (sobre todo las pieles y materiales botánicos); una segunda clase de objetos sensibles a la luz, como la pintura al óleo, la tempera, cuero sin teñir, cuerno, hueso, marfil, madera y laca; y por último, los objetos no sensibles a la luz, entre los que podemos destacar aquellos presentes en museos y exposiciones como metal, piedra, vidrio, cerámica, joyas y esmaltes. Las dos primeras clases de materiales tienen restricciones de niveles de iluminancia a los cuales pueden ser expuestos, a saber, 50 lux para los materiales extremadamente sensibles a la luz y 150 lux para los materiales sensibles.

obras de arte

Dentro de la luz, existen dos formas de dañar una obra: los niveles de iluminancia y la exposición a la radiación. Los niveles de iluminancia se refieren a la exposición continuada de la luz sobre la obra, la cantidad de lux que incide sobre esta a lo largo del tiempo. La exposición a la radiación se refiere a la acción electromagnética del espectro visible de la luz, la cantidad de vatios por metro cuadrado que incide sobre la obra.

El daño que sufre un objeto por la acción de la luz puede ser fotoquímico, producido por la luz visible (la iluminancia) y por la radiación ultravioleta (vatios por metro cuadrado), mientras que si hablamos de la incidencia de la radiación infrarroja, nos referimos a daños causados por la radiación térmica. En la acción fotoquímica interviene el nivel de iluminancia, la cantidad de vatios de la fuente de luz, el tiempo de exposición y la longitud de onda del espectro lumínico incidente; a mayor frecuencia de onda (esto es, UV y la zona del espectro visible cercana a los azules y violetas), más energía y mayor daño fotoquímico causará la luz sobre el objeto. Se recomienda para evitar el daño fotoquímico sobre las piezas de arte utilizar filtros UV, tanto para fuentes artificiales como para la luz natural, así como que la energía ultravioleta de la fuente no supere los 10 microvatios por lumen (10-6W/lm) según la norma CIE 157/2004 (para tener una idea general acerca de este dato, decir que la luz del sol directo tiene una energía UV de 400 microvatios por lumen, la lámpara fluorescente oscila entre los 30-100 microvatios, los halogenuros metálicos entre 160-700 microvatios y los LED no superan los 5 microvatios por lumen).

La acción de la radiación térmica (los infrarrojos), suponen una reacción química de descomposición de los materiales que componen el objeto, dependiendo del tipo de material y de su solidez ante las altas temperaturas, el daño será mayor o menor. Además, la radiación térmica provoca el deterioro de la obra de forma indirecta al producirse la sequedad del entorno. Los efectos visibles en la obra causados por la radiación térmica son: endurecimiento, decoloración y agrietamiento. Hay que tener en cuenta que además de la luz con alto contenido de infrarrojos, las fuentes de calor también producen daño a la obra.

obras de arte

La solución para evitar daños fotoquímicos o térmicos sobre el objeto expuesto reside en la correcta elección de las fuentes de luz apropiadas para cada situación, esto es, si queremos iluminar materiales altamente sensibles a la radiación ultravioleta, debemos escoger lámparas con escasa o nula emisión de UV o usar filtros UV; de la misma manera ocurre con aquellos materiales sensibles a los infrarrojos: en este caso, evitaremos lámparas que produzcan mucho calor, usando así lámparas LED o de fibra óptica, o en su defecto, lámparas halógenas de bajo voltaje con filtros de infrarrojos; y por supuesto, evitar en todo momento la luz directa del sol sin filtrar. Además de estos cuidados, otros como reducir el tiempo de exposición a la luz o incluso limitar las visitas a unas pocas horas a la semana, instalar sistemas de detección de presencia y gestión de la intensidad de la iluminación, o cuidar los límites de iluminancia recomendados, son medidas que ayudarán a la conservación de las obras.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • “El Libro Blanco de la Iluminación”, Fernando Vila Arroyo. Madrid: Comité Español de Iluminación, 2013. “Libro 4: Aplicaciones de Alumbrado Interior. 4.9. Alumbrado de Espacio Expositivos y Museos”.
  • “Museum Lighting with LEDs: Evaluation of Lighting Damage to Contemporary Photographic Materials”, Lighting Research and Technology, marzo 2018.
  • “Damage caused by optical radiation”, Zumtobel. Ralf Müller.